Ver a un niño dormir con la boca abierta puede parecer algo completamente normal. Algunos padres lo relacionan con una postura concreta, con un resfriado o simplemente con una costumbre que desaparecerá con el tiempo. Y, efectivamente, que ocurra de manera puntual cuando existe congestión nasal no tiene el mismo significado que observarlo prácticamente todas las noches.
Cuando un niño mantiene habitualmente la boca abierta al dormir, ronca, respira por la boca durante el día o parece tener dificultades para mantener los labios cerrados en reposo, conviene prestar atención. No porque podamos determinar la causa observando únicamente ese hábito, sino porque la respiración, la posición de la lengua y el desarrollo de los maxilares están relacionados durante la infancia.
Por eso, en una valoración del desarrollo oral infantil no basta con comprobar si los dientes están rectos. También resulta importante observar cómo respira el niño, dónde coloca la lengua, cómo mantiene los labios y de qué manera están creciendo sus maxilares.
Respirar por la nariz y respirar por la boca no es exactamente lo mismo
En condiciones normales, la respiración habitual debería realizarse principalmente por la nariz. Cuando un niño utiliza la boca de manera persistente para respirar, puede modificar la posición de algunas estructuras orales durante muchas horas al día.
Para mantener la boca abierta, la mandíbula adopta una posición diferente, los labios permanecen separados y la lengua puede situarse más baja de lo habitual. Si este patrón se mantiene durante etapas importantes del crecimiento, merece ser estudiado junto con el resto de funciones orales.
Esto no significa que respirar por la boca vaya a provocar necesariamente un determinado problema dental. Lo importante es comprender por qué ocurre y valorar si está coexistiendo con alteraciones en la mordida o en el desarrollo maxilofacial.
La posición de la lengua importa durante el crecimiento
La lengua no interviene únicamente al hablar o al tragar. También forma parte del equilibrio muscular de la boca. En reposo, su posición y la relación que mantiene con el paladar forman parte de un sistema en el que también participan los labios y las mejillas.
Cuando existe un patrón de respiración oral, la lengua puede permanecer con mayor frecuencia en una posición baja para facilitar el paso del aire por la boca. Esta situación puede coexistir con cambios en la forma de las arcadas o con determinadas alteraciones de la mordida.
Por eso, durante una valoración infantil, estudiar la posición y la función de la lengua puede aportar tanta información como observar la alineación de los dientes.
El paladar también merece atención
Una de las características que pueden observarse en algunos niños con alteraciones funcionales es un maxilar superior estrecho. Cuando la arcada superior no se desarrolla con suficiente anchura, puede faltar espacio para la correcta erupción de los dientes permanentes o aparecer problemas en la forma en la que encajan ambas arcadas.
En algunos casos puede desarrollarse una mordida cruzada posterior, apiñamiento o una desviación de la mandíbula al cerrar la boca. Por eso, cuando un niño respira habitualmente por la boca, resulta interesante valorar también la forma del paladar y el crecimiento del maxilar.
No se trata de asumir que una cosa ha provocado necesariamente la otra, sino de estudiar conjuntamente factores que pueden estar relacionados.
Roncar también es una señal que conviene observar
Los ronquidos infantiles frecuentes no deberían normalizarse sin más. Pueden aparecer de forma puntual durante un catarro, pero cuando se repiten habitualmente es conveniente comentarlo con los profesionales sanitarios correspondientes.
Desde el punto de vista odontológico, conocer cómo duerme y respira el niño aporta información importante durante la valoración del crecimiento facial y de la mordida. Dependiendo de lo observado, puede ser necesario un abordaje coordinado con pediatría, otorrinolaringología u otros profesionales.
La odontología puede detectar determinadas señales, pero la causa de una dificultad respiratoria debe estudiarse desde la disciplina correspondiente.
Qué señales pueden observar los padres
Dormir con la boca abierta no suele aparecer como un signo aislado. En algunos niños pueden observarse además ronquidos frecuentes, labios separados durante el día, sequedad bucal al despertar, dificultad para mantener una respiración nasal cómoda o una posición baja de la lengua.
También puede llamar la atención la presencia de dientes apiñados, una arcada superior estrecha, mordida cruzada o determinados cambios en la forma de cerrar la boca. Ninguno de estos signos permite realizar un diagnóstico en casa, pero sí pueden ser motivos suficientes para realizar una valoración.
La respiración oral también puede afectar a la salud de la boca
Mantener la boca abierta durante muchas horas puede favorecer una mayor sequedad oral. La saliva desempeña un papel importante en la protección de dientes y mucosas, ayudando a neutralizar ácidos y a mantener el equilibrio del entorno oral.
Cuando determinadas zonas permanecen más secas de forma habitual, pueden aparecer molestias, sensación de boca seca o cambios en el entorno bucal. Por eso, estudiar un patrón de respiración oral no tiene únicamente interés desde el punto de vista ortodóncico, sino también desde la prevención y la salud bucodental general.
Esperar a que salgan todos los dientes permanentes no siempre es lo ideal
Una de las ideas más extendidas es que no merece la pena valorar la ortodoncia hasta que el niño haya cambiado prácticamente todos los dientes. Sin embargo, cuando el problema está relacionado con el crecimiento de los maxilares o con determinadas funciones orales, esperar puede significar perder una etapa especialmente útil para el diagnóstico y el seguimiento.
Una valoración temprana no implica necesariamente comenzar un tratamiento. En muchos niños la decisión correcta será simplemente observar cómo evoluciona el crecimiento mediante revisiones periódicas.
En otros casos, detectar una alteración funcional a tiempo permite decidir si conviene intervenir durante una fase en la que los maxilares todavía están desarrollándose.
El objetivo no es solo conseguir dientes rectos
La ortodoncia infantil actual va mucho más allá de observar si un incisivo está girado o si existe apiñamiento. El desarrollo de una boca saludable depende también de cómo crecen los maxilares, cómo encajan entre sí y cómo funcionan estructuras como la lengua, los labios y la musculatura.
Por eso, cuando un niño duerme habitualmente con la boca abierta, conviene valorar el conjunto y no únicamente esperar a comprobar cómo salen los dientes definitivos.
En Clínica Dental Dra. Miriam Díaz & Hevia prestamos especial atención al desarrollo oral durante la infancia, estudiando la mordida, el crecimiento de los maxilares y las funciones que pueden influir en su evolución. Detectar una señal no significa que exista necesariamente un problema, pero sí permite observar el crecimiento con mayor información y actuar en el momento adecuado cuando realmente sea necesario.

